Es grato ver como conceptos desarrollados en el último tiempo nos son útiles para entender lo que nos pasa, ayudar a superar nuestros traumas, y generar un mejor país. El tema me ha atraído y así conocí el trabajo de Boris Cyrulnik
Quiero compartir mis notas de la experiencia con un grupo de alumnos de un programa de coachs , en que dado el foco en el desarrollo de la capacidad de observar y de ser actores de sus vidas, acordamos conversar del terremoto. Subrayo las frases que un participante consideró mas relevantes para el.
Partí con la
invitación a que cada uno contara su historia de como lo vivió, que sintió,
cuales fueron sus reacciones, y en lo posible identificar sus automatismos que
aparecieron
Una vez que
cada uno habló, compartimos que habíamos observado, surgieron los siguientes
puntos
En momentos que muchos se dejan y nos dejamos llevar por la angustia, su llamado es un bello llamado a respirar hondo y disfrutar de esa respiración
Los dejo con este post que copio textualmente
No lo puedo evitar, en el fondo sigo siendo economista y no puedo evitar reflexionar sobre la actual crisis financiera de Estados Unidos. Probablemente cada uno de ustedes tenga una visión, exposición y entendimiento diferente a la crisis que se está viviendo en Estados Unidos pero lo cierto es que cualquier crisis en la
La Corte Suprema ha dictado su fallo, más allá de las opiniones y el acuerdo o desacuerdo que tenga con su fallo, lo importante que con esto termina un proceso de una de las secuelas del llamado caso MOP-Gate, y que me llevó a ver mi identidad seriamente dañada, pasar unos días en prisión, y mis oportunidades laborales perjudicadas
Me embarga una profunda sensación de alivio, se abren nuevas posibilidades, posiblilidades que antes de perderse no veía como un don, como viajar sin pedir permiso, poder volver a participar en los procesos democráticos y otros
Creo que una de las grandes satisfacciones que recibimos los coachs, al menos es lo que experimento, es cuando personas de nuestra audiencia empiezan a mirar el mundo con otros ojos y encuentran piezas que conectan con lo que hemos conversado
En un blog corporativo que hemos creado para el proceso de aprendizaje, encuentro el siguiente post escrito por Recson que considero un gran aporte, y me deja con el compromiso de leer el libro que cita
"Quiero compartir un artículo que me ha parecido muy interesante y complementa nuestro trabajo con Raul."
En el blog interno de un cliente, aparece el relato de una experiencia que me parece importante compartir
La empresa factura 2500 pedidos al mes, y cualquier error en la digitalización de los datos del cliente genera consecuencias de costo, se entrega mercancía equivocada y/o en el lugar equivocado, y consecuencias en la satisfacción del cliente que se molesta y reclama
Pero también genera consecuencias desagradables al interior de la empresa, a las personas les gusta hacer bien su trabajo, y se molestan cuando en otra parte de la cadena se comenten errores, la molestia es una señal de compromiso con hacer bien las cosas, lo negativo es la consecuencia, nos ponemos a buscar culpables y a denigrarlos.
Varias veces me ha llegado a través de la red, distintas versiones de esta presentación con la historia de la transformación del águila. Supongo que la historia es cierta, y la he usado varias veces en talleres, cursos y conversaciones de Coach, como un ejemplo de la naturaleza sobre un proceso de cambio en función de un objetivo Ahora, gracias a la indicación de Gabriel Bunster, sobre la incorporación de presentaciones al blog, la presento acá. (Leer más)
Me parece que la mayor parte de nosotros tiene en mayor o menor grado, una "mochila" de conversaciones pendientes, conversaciones que no han fluido y se han acumulado; mochila que llevamos por la vida y que con su peso, nos impide movernos fluidamente.
Son conversaciones que se nos han quedado atragantadas, ya sea que estimemos que alguién nos hizo daño, y no hemos reclamado, o que nosotros hemos hecho daño, y no hemos pedido las excusas del caso.
En ambos casos, cuando estamos con esa persona, la sensación que podemos tener es que no fluimos, se nos complica la vida, y al final podemos tener la sensación de no ser integros en la conversación.
En una conversación de coach, la persona al ver lo pesada de su mochila, me manifestó su intención de tener las conversaciones que lo bloqueaban. Al preguntarle si el creía que para la otra persona, esas conversaciones que a el quitaban fluidez, perturbaban también a esa otra persona; me manifestó su sorpresa, no lo había pensado de esa manera.
Y la reflexión parece simple, no necesariamente el que nos hizo daño lo hizo con mala intención, puede haber sido desde su incompetencia, su miedo, lo que sea; lo importante es que hizo lo que hizo, y desde ahí, puede que no lo haya registrado emocionalmente como me pasó a mi, y no vea que yo crea que tiene que darme una disculpa.
Analogamente, el daño que podemos haber causado a otra persona, es un juicio que hacemos, lo hacemos desde nuestro estandar, desde nuestra autoexigencia personal de ser perfectos, y es posible que la otra persona no tenga un registro emocional que le hayamos perjudicado.
Mirado así, el pasado importa menos que el revisar la mochila de las conversaciones pendientes que nos quitan fluidez, con sorpresa podemos contatar que en muchas de ellas, basta con perdonarnos nosostros mismos, o quitar el juicio de intencionalidad que le asumimos al otro, y cambiarlo por incompetencia, técnica o emocional.
Es lo que se conoce como la compasión budista, no es lastima, es ver al otro como un ser humano, tal como lo somos nosotros. Esto nos ayuda a no acumular resentimientos, otra forma de denominar la mochila que cargamos.
Para limpiar la mochila, en algunos casos necesitaremos tener una conversación, pero la mayor parte de los casos, como la mochila es nuestra, simplemente bastara un gesto nuestro, un abrazo, un regalo, una frase gentil, etc, el otro no necesitará saber que estamos descargando nuestra mochila.
Y esto no implica que olvidemos, recordar lo necesitamos para cuidarnos, para no cometer los mismos errores, para no tener las confianzas en el mismo grado que tuvimos, etc,
Esto posiblita que sigamos siendo colaboradores, potencialmente amigos, sigamos danzando juntos la vida, y podemos hacerlo con liviandad, sin dejar que nuestra mochila se cargue y nos impida fluir.
Limpiar nuestra "mochila" nos ayuda a andar livianos por la vida, depende sólo de nosotros.
El post Los golpes en la vida. Viviendo el duelo, me permitió tener nutritivas conversaciones, varias en el blog, y otras personalmente, y generar una reflexión sobre el rol de las comunidades a que pertenecemos en momentos como estos. Me parece evidente reconocer que las comunidades a que pertenecemos nos ayudan en los golpes que recibimos, lo que aprendí es que dependerá de la forma como hemos aprendido a vivir con esas comunidades, el beneficio puede ser muy distinto. Para ello usaré las cinco etapas que visualizaba en mi post anterior:
La negación. Un amigo que había pasado por el despido de su empleo, me indicaba que en este periodo, no estaba abierto a nada que le hiciese ver la realidad; cuando un amigo le indicaba que era irreversible, su reacción era violenta. Otro amigo me indicaba que una comunidad a la cual el pertenecía, lo había enfrentado y literalmente obligado a enfrentar su situación de quiebre matrimonial que el no quería ver; para ellos había sido muy duro hacerlo, lo habían hecho por que así entendían su pertenencia, y se habían comprometido previamente a actuar de esa manera en caso de quiebres que afectaran a uno de sus miembros. Me pareció una forma poderosa de entender las comunidades.
La rabia. Creo que el razonamiento es similar, mi amigo que había sido despedido, no estaba abierto a ninguna conversación que no fuese desprestigiar a las personas que lo habían despedido. En otro caso, en una conversación, una amiga, me ayudó a usar esa rabia en fuerza, focalizándome en acciones que me servían para colocarme en la acción. Nuevamente, la diferencia de la forma como hemos construido la comunidad hace una gran diferencia. Una experiencia que me ayudó en esta etapa es practicar distintas disciplinas de ejercicio físico, eso ayuda a tener un cuerpo que permite focalizar y no a desbordarse.
La aceptación, la pena. Acá tuve un gran aprendizaje, la dificultad que tenemos algunos, especialmente los hombres en aceptar la pena, y desde ahí aceptar la compañía y el afecto. Como dijo un buen amigo, en momentos duros, nos damos cuenta lo que nos cuesta recibir cariño y también nos damos cuenta lo que nos gusta sentirnos queridos. Esta frase me gustó, y empecé a hacer y observar el ejercicio de dar y recibir afecto, descubrí lo que nos cuesta expresar el afecto, y el impacto y la cercanía que genera el pedirlo. Lo practiqué como ejercicio y me gustó el efecto que produje en los otros y en mi mismo. Como expresé en otro post, los seres humanos somos seres de amor, este lo necesitamos y lo pedimos de diferentes formas sin tomar conciencia de ello.
La confusión. En esta etapa, creo que es relevante tanto el poder de las comunidades a que pertenezco como mi grado de apertura a escuchar. Un amigo que me admira por su capacidad de generar redes, al mismo tiempo me asombra en su dificultad en abrirse a las posibilidades que sus amigos le muestran de sus redes. En esta etapa, recuerdo que para mi fue importante el abrirme a fortalecer mis redes y buscar nuevas redes.
La ambición. En esta etapa estamos de lleno en la creación del nuevo proyecto, y nos encontramos sumergidos en la construcción de las nuevas redes, redes que nos son útiles cuando el nuevo golpe nos llega. Y cuando el nuevo golpe llega, para mi fue estimulante constatar que había ampliado mis redes en forma significativa. Una nueva amiga, en una sesión de coach, me graficó la nueva ambición con esta frase. El golpe que te pasó te hace mejor coach, y eso me sirve a mi. Un excelente ejemplo para usar nuestros fracasos
Construir redes y darles poder para que nos apoyen significativamente en los golpes, es una habilidad que podemos y necesitamos desarrollar.(Leer más)
Nacemos con la ilusión de no tener golpes fuertes, cuidamos a nuestros hijos para que no los tengan, pero es inevitable, los tenemos. Ya sea la muerte o enfermedad de un ser querido, un despido laboral, el fin de una ilusión, un hecho fuera de nuestro control producto de la naturaleza, o de la acción de terceros, etc... Cuando el golpe llega, podemos pasar por varias etapas, el proceso de hacer el duelo. De mi experiencia personal y me trabajo como coach, he logrado distinguir las siguientes etapas
La negación, niego que eso me pueda haber pasado a mi, en cualquier momento despertaré de esa pesadilla y todo seguirá como antes. La conversación se niega, o pido explicaciones por que pasó, como se la explicación evitara el hecho. Si no admitimos un fracaso de un proyecto, creyendo que fracasa nuestro Ser, no aprendemos del fracaso.
La rabia, si eso tan fuerte me pasó, debe haber algún culpable, ese culpable debe ser sancionado, aunque sea con mi desprecio o falta de colaboración futura. Reclamo que lo que ha pasado es una injusticia, busco justicia ya sea de los hombres o de Dios. Expresar esa rabia es sano, me hace aparecer
La confusión, en esta fase me empiezo a preguntar que hago ahora, después de este golpe. Dependiendo de la magnitud del mismo, como sigo viviendo. Las opciones tienden a no estar claras. Si he desarrollado la habilidad, pido ayuda para salir de la confusión. Un error que cometemos es pedir de tal forma que se escuche que se hagan cargo de mí.
La ambición, identifico una nueva forma de vivir, un nuevo proyecto, y canalizo mis energías, pensamientos y acciones hacia allá.
Estas categorías tienden a traslaparse en mayor o menor grado, puedo quedarme pegado en algunas de ellas. Por ejemplo, estar en la ambición de un nuevo proyecto, y aún así estar negando lo que pasó. La consecuencia es, que el no haber pasado por la aceptación, me quita energía para el nuevo proyecto. Mirar estas etapas me ha servido, y me sigue sirviendo. Mi desafío personal, y como coach, es vivir plenamente cada una de estas etapas, no ignorarlas. Vivirlas con un alto grado de conciencia de tal forma se avanzar seguro hacia el próximo paso. Incluso he podido observar que me sirven no sólo para los golpes inesperados, sino también para aquellos que puedo anticipar, me sirve para vivir más rápido este proceso Ya que no podemos evitar en nuestras vidas, y en las personas que queremos, que los golpes ocurran, lo que si podemos hacer es capacitarnos, y capacitarlos, para ponerse rápidamente de pie. Es lo que hoy conocemos por resilienciaAprender a ponernos de pie es un aprendizaje fundamental, y cada vez más importante, en tiempos de turbulencia. ¿Como Ud. diseña su aprendizaje?(Leer más)