ChileCalidad está celebrando 10 años de estar entregando el Premio Nacional a la Calidad, un reconocimiento a las empresas y organizaciones que trabajan bajo los principios de la excelencia de sus procesos.
Y en una revisión del proceso, decidió renovar su equipo de jueces, reemplazando a los mas antiguos. Varios de ellos, contribuyeron a formar el premio y han sido los sostenedores del proceso. Y me tocó, como parte de los antiguos, junto a Jorge Aliaga, Osvaldo Ferreiro, Juan Jose Morales y Edgardo Cruz, terminar nuestro rol de jueces de este galardón, normalmente entregado por el (la) Presidente(a) de la Republica.
Lo hicimos formalmente en una cena que se nos ofreció, donde se nos entregó una bella placa con un reconocimiento "por su significativo aporte al desarrollo de la gestión de excelencia en el país, como Juez del Premio Nacional a la Calidad"
En las palabras que pronuncié en la cena en que se nos despidió, recordé mi incorporación hace 10 años a este proceso, recordé mi sorpresa al encontrarme en el primer curso que tuvimos, con mas 100 profesionales que estaban dispuestos a invertir, sin ninguna retribución monetaria, parte importante de su tiempo a este proceso, y como me impactó ver la calidez humana que se sentía junto a la excelencia que acompañaba el proceso de formación.
Puedo recordar mi propio aprendizaje sobre la excelencia en los procesos, y ver y agradecer hoy, como impregna mi vida profesional y personal. En este proceso que empecé como examinador, tuve la oportunidad y honor de ser posteriormente docente y juez de varias generaciones, y junto al resto de los jueces, poder hacer nuestros aportes al mejoramiento de los procesos del Premio.
Lo hemos visto crecer, ganar prestigio, y ver crecer a su personal, parte del cual también contribuimos a formar. Me emocionaron las palabras de Ximena, cuando valoró mi aporte, calificandolo de creativo e innovador, y agradeció el haberles siempre recordado lo que había mas allá del Premio, a verlo como un instrumento y no un fin en si mismo.
Siento la tristeza de dejar en una comunidad donde generé amigos y aprendí a valorar opiniones diversas, y al mismo tiempo el orgullo de ver crecer un proceso, donde las personas que nos reemplazan son garantía de un nuevo empuje.
Me impacta sentirme parte de los antiguos y dar el paso a nuevas generaciones, lo hago todo con la profunda satisfacción de un deber cumplido y el orgullo de haber servido.
Gracias colegas jueces, gracias Mario y Ximena, por todo el soporte y paciencia que me han tenido.





